Hace no muchos días me decía un amigo en coña tras contarle que tuve un accidente de coche: “Vaya suerte que tienes, ahora puedes apreciar de verdad el valor de la vida.” 
Y es que a uno no le dan un susto así todos los días. No sé si ahora realmente aprecio más que antes la vida y es que yo siempre he apreciado la vida de forma absoluta. Pero sería cínico si dijera que este accidente no me ha cambiado algo, aunque sólo sea un poco, la forma de tomarme ésta.
Y es que a uno no le dan un susto así todos los días. No sé si ahora realmente aprecio más que antes la vida y es que yo siempre he apreciado la vida de forma absoluta. Pero sería cínico si dijera que este accidente no me ha cambiado algo, aunque sólo sea un poco, la forma de tomarme ésta.
No por la experiencia del accidente sino por el tiempo que he tenido después para reflexionar sobre el asunto.
Desde hace una semana soy un parado más. Sin embargo hace unas semanas mi vida era un completo ajetreo. Me levantaba a las 6:30 para ir al trabajo, salía a las 19:00, momento en el optaba por hacer deporte tres veces a la semana. Cuando no iba, llegaba a casa casi a las 20:00 y cuando salía de la ducha me ponía rápidamente con proyectos personales, papeleos, cosas pendientes que con el poco tiempo libre que tienes siempre te quedan por hacer…
¿Y todo para qué? Cuando recorres la vida a 1000Km/h no tienes la posibilidad de ver el paisaje. No puedes apearte y además no siempre podrás ver y esquivar lo que te viene de frente.
Y es que no importa lo rápido o lento que vayas, lo que de verdad importa es ir por el camino correcto disfrutando de éste lo más que puedas porque nunca sabes cuando llegarás al final.

